Cada vez son más las empresas que en Chile y en el mundo declaran metas asociadas a la carbono neutralidad, con miras a asumir su cuota de responsabilidad en la lucha contra el cambio climático. Ahora bien, para que esto sea realmente efectivo, es necesario que se hagan cargo de reducir las emisiones propias o directas de gases de efecto invernadero (GEI) –lo que corresponde al denominado alcance 1 de la huella de carbono–, como también de impulsar la disminución de aquellas que generan de manera indirecta por el consumo de energía (alcance 2) y por sus cadenas de suministro y valor (alcance 3).

Este último aspecto es particularmente relevante, ya que en algunos sectores productivos las emisiones de GEI de los proveedores pueden ser mucho más altas que las de la propia empresa.

Melanie Wilneder, profesional con amplia experiencia internacional en estas materias, comenta: “La consultora McKinsey publicó un estudio en 2008, que indicaba que en las industrias manufactureras las emisiones del alcance 3, correspondiente a su cadena de valor, representaban entre un 40% y un 60% de la huella de carbono total de los productos. Se ha comprobado que, en el retail en general, esas emisiones indirectas llegan a ser más de un 90%, pero en promedio representan hasta 11,4 veces la huella de carbono propia de las industrias, según el último informe Global Supply Chain de la ONG CDP con datos del 2019, publicado en 2020. Ese aumento resulta principalmente de la mejora en la  medición de las emisiones de la cadena de valor”.

Tercerización y Mercado

La especialista señala que una de las principales razones que explican el panorama descrito es el creciente avance de la externalización de algunas actividades por parte de las empresas (outsourcing). Esto ocurre, en especial con las grandes compañías, muchas de las cuales han desplazado su huella de carbono desde los países más ricos a otros donde la mano de obra y el proceso de producción son más baratos. “Las principales marcas ya no hacen manufactura de manera directa, sino que se han convertido en empresas de servicio. Tienen sus oficinas centrales en los países con más recursos, donde generan una huella de carbono muy baja, pero toda su producción se desarrolla en países asiáticos, como Bangladesh o China, donde la mayor parte de la energía no es renovable lo que impacta fuerte en la huella de carbono. Todas esas emisiones corresponden al alcance 3”, expone Wilneder.

Un claro ejemplo de esa situación son las empresas que venden productos tecnológicos, como los teléfonos celulares.

La proporción de huella de carbono de los proveedores crece aún más en los sectores económicos que se dedican a la venta de producción externa, como ocurre con el retail (ver gráfico adjunto), cuyas emisiones asociadas a la operación propia se reducen al consumo eléctrico de sus locales comerciales.

¿Qué ocurre con actividades extractivas que no pueden desplazar su producción a otros lugares, como la minería o la industria forestal en Chile? “En estos casos, sus alcances 1 y 2 son fuertes por factores como el uso de combustibles fósiles en equipos y maquinarias. Algunas empresas están haciendo esfuerzos para descarbonizar estos alcances mediante alternativas como la electromovilidad y el uso del hidrógeno verde. Sin embargo, en su cadena de valor también se consume una cantidad relevante de energía, asociada al transporte y procesamiento de las materias primas que finalmente venden como el cobre. Estas dos categorías son la parte más grande dentro del alcance 3 en las actividades mineras y forestales en Chile”, indica la experta.

En los mercados internacionales, las emisiones de GEI de los proveedores de una industria tienen una incidencia creciente en la comercialización de sus productos.

“Los inversionistas de las empresas productoras y compradoras están preguntando cada vez más sobre la huella de carbono de las compañías en que invierten, por lo que hay una exigencia creciente para que se preocupen de este tema en toda la cadena de valor”, advierte Melanie Wilneder.

El abogado y consultor Arturo Brandt aporta algunos datos relevantes al respecto. En el rubro minero, por ejemplo, la Bolsa de Metales de Londres (London Metal Exchange) está diseñando una herramienta de trazabilidad del cobre que allí se cotiza, lo que incluye antecedentes sobre las emisiones de gases de efecto invernadero generadas en la cadena de producción.

“Además, la Unión Europea está desarrollando legislación (Carbon Border Tax Adjustment – CBAT) para exigir trazabilidad de la huella de carbono a la importación de productos provenientes de países con precios o impuestos al carbono más bajos, lo que desde la óptica europea es un ‘dumping ambiental’ que debe ser corregido. La implementación del CBAT de alguna forma ‘nivelara la cancha’ en este tema. Cabe señalar que el precio o impuesto al carbono que se aplica en Europa a las fuentes fijas de generación de electricidad y otras actividades hoy es de 53 euros, mientras que en Chile llega a 5 dólares”, afirma Brandt.

Melanie Wilneder reafirma que hay empresas europeas y norteamericanas que ya están exigiendo la trazabilidad y atributos verdes para recursos como el cobre chileno. Y comenta que las emisiones del transporte de recursos naturales y productos finales, por ahora, se pueden compensar en los mercados voluntarios de carbono, mientras se avanza con la electromovilidad y se siguen descarbonizando las actividades.

Medidas para Descarbonizar

Frente al escenario descrito, cabe preguntarse ¿qué acciones pueden adoptar las empresas para descarbonizar su cadena de suministro?

Melanie Wilneder plantea que lo primero es identificar a sus principales proveedores y conocer sus niveles de emisión de GEI. “Hay proveedores que son más energo intensivos que otros y, a partir de eso, se puede hacer una priorización de los que generen menos emisiones. Además, se debieran identificar los principales puntos de emisión y trabajar colaborativamente con los proveedores clave para que reduzcan las emisiones asociadas a sus actividades”, acota.

Melanie Wilneder entrega algunas recomendaciones para impulsar la reducción de la huella de carbono de los proveedores.

Asimismo, señala que es muy importante que las empresas den el ejemplo reduciendo sus emisiones, para luego poder exigir y empujar a sus proveedores a que también lo hagan.

Para eso, las empresas tienen distintas opciones, de acuerdo al sector al cual pertenezca el proveedor. Algunos ejemplos son:

• En el área de transporte, pedir a los proveedores de materias primas que optimicen sus rutas o que utilicen vehículos eléctricos.
• Al contratar la empresa que llevará su producto al mercado en que se comercializa, optar por aquellas que compensen sus emisiones residuales y/o que están invirtiendo en electromovilidad.
• En las licitaciones de servicios externos, establecer requisitos asociados a la gestión de la huella de carbono: “Hay empresas que en licitaciones grandes han comenzado a exigir como criterio mínimo para participar, que el proveedor reporte sus emisiones, para luego seguir avanzando en esa línea. Así empezó, por ejemplo, la empresa Dell en Estados Unidos: primero les pedía a sus proveedores que midieran su huella de carbono, luego que tuvieran un informe de sustentabilidad, y como tercer paso que fijaran objetivos de reducción de emisiones acordes con sus propias metas”, ejemplifica Wilneder.

Añade que hay empresas en Latinoamérica y Chile que ya están adoptando prácticas de este tipo, en muchos casos por exigencia de sus casas matrices y de sus inversores. “Eso ocurre en Argentina, por ejemplo, con Mercado Libre, cuyas inversiones están en la bolsa de Nueva York, y aplica de la misma forma a multi-latinas de cualquier rubro que cotizan en bolsas internacionales. En Chile, los exportadores de productos agrícolas o de vinos que van a supermercados europeos, donde preguntan por la huella de carbono de los productos, también buscan responder a esas exigencias y prefieren proveedores que estén midiendo sus emisiones y, en caso que sea necesario, reduciéndolas o compensándolas”, destaca.

Bajo Costo y Coinversión

Una reciente investigación realizada por el Foro Económico Mundial (FMI) y Boston Consulting Group (BCG) también entrega recomendaciones para abordar la descarbonización de las cadenas de suministros, destacando que es posible hacerlo con tecnologías fácilmente disponibles y a bajo costo, lo cual entrega una gran oportunidad para combatir el cambio climático.

El reporte “Net-Zero Challenge: The Supply Chain Opportunity” analizó las ocho principales cadenas de suministro mundiales que representan más del 50% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero: alimentos, construcción, moda, bienes de consumo de rápido movimiento, tecnología, automotriz, servicios profesionales y transporte de mercancía. Y entre sus hallazgos, plantea que descarbonizarlas subiría los costos del consumidor final solo entre 1% a 4% a mediano plazo.

La investigación desglosa las principales fuentes de emisiones a lo largo de dichas cadenas de proveedores y evalúa las herramientas que se debieran utilizar para reducir las emisiones en cada una y demuestra que éstas se pueden implementar de manera fácil y a bajo costo, recurriendo a prácticas como la economía circular, la eficiencia energética y el uso de energías renovables. “Según este estudio alrededor del 40% de las emisiones de las ocho cadenas de suministro principales que analiza se pueden eliminar con medidas que generan ahorros o tienen costos de menos de 11 dólares por tonelada de CO2 equivalente”, subraya Francisco Hidalgo, partner de BCG en Chile.

El informe también resalta la globalidad de muchas cadenas de suministro, lo cual permitiría a las empresas apoyar la reducción de las emisiones de GEI a través de las fronteras y en países donde los gobiernos aún no dan prioridad a la acción climática.

Agrega que las compañías orientadas al consumidor, donde las emisiones de sus proveedores superan con creces a las directas, pueden utilizar su poder adquisitivo para impulsar una descarbonización rápida y ayudar a financiar la transición mediante la coinversión con los productores de materias primas.

Sobre ese escenario, el estudio señala algunas acciones importantes que los directores ejecutivos de las compañías deberían tomar para abordar las emisiones de la cadena de suministro, como las siguientes:

• Construir una visión sólida de las emisiones con datos específicos del proveedor y establecer objetivos ambiciosos para la reducción de emisiones.
• Rediseñar productos y reconsiderar estrategias de abastecimiento geográfico para disminuir al máximo los GEI.
• Cofinanciar medidas de reducción y educar a los proveedores sobre cómo implementar soluciones bajas en carbono.
• Participar en los ecosistemas de la industria para compartir las mejores prácticas y crear una señal de demanda de productos ecológicos.
• Alinear los incentivos internamente para asegurar que los tomadores de decisiones se concentren en reducir las emisiones.
Recomendaciones a tener en cuenta para que las empresas efectivamente impulsen la reducción de la huella de carbono de sus proveedores.

Fuente:  Revista InduAmbiente 170 (mayo-junio 2021), páginas 10 a 12. Para ver noticia haz clic aquí