Santiago, 10 de agosto de 2026


En el auditorio del Banco Central de Chile se llevó a cabo la primera jornada de la Conference on Nature and the Macroeconomy, evento organizado por esta misma organización, junto al SUREAL lab de la Universidad de Zurich y el Centre for Economic Transition Expertise (CETEx) de la London School of Economics.

Esta conferencia tuvo como objetivo poner la naturaleza en el centro de la macroeconomía, abordando cómo la pérdida de biodiversidad afecta la estabilidad de precios, el crédito, la producción y el riesgo sistémico.

Durante el evento se llevó a cabo el panel “Naturaleza y la macroeconomía: un diálogo entre la investigación y la política”, donde participó Kevin Cowan, consejero del Banco Central de Chile; María Teresa Ruiz-Tagle, directora ejecutiva de CLG Chile; y Cristóbal de la Maza, ex Superintendente del Medio Ambiente y profesor adjunto de la Facultad de Ingeniería de la Pontificia Universidad Católica de Chile. La conversación fue moderada por Robert Patalano, director ejecutivo de CETEx.

Este panel buscó promover el diálogo entre la academia, el sector público y el privado sobre el impacto de los riesgos relacionados con la naturaleza en la economía y las políticas públicas.

Kevin Cowan indicó que los bancos centrales están teniendo que asumir los riesgos actuales, como por ejemplo con la sequía en Europa y cómo está afectando a la agricultura.

Cowan agregó que “al hablar de estabilidad financiera hay que considerar riesgos a largo plazo. Es importante priorizar los riesgos y para ello se tiene que hacer análisis de datos e investigación ahora. En general los bancos centrales no tienen cuantificada la naturaleza”.

En relación a cómo están incorporando las empresas líderes los riesgos relacionados con la naturaleza, la biodiversidad y las dependencias ecosistémicas en sus decisiones de inversión y estrategias a largo plazo, Ruiz-Tagle comentó que “las empresas comienzan mapeando las dependencias y no solo los impactos, evalúan dónde depende su flujo de caja de servicios ecosistémicos –regulación hídrica, polinización, suelo, protección costera– usando el marco TNFD y su enfoque LEAP (Localizar, Evaluar, Analizar, Preparar)”.

La directora ejecutiva de CLG Chile mencionó que la señal más clara de esto es la reasignación de capital: “Cuando una empresa reestructura su suministro de agua hacia la desalinización en lugar de agua continental, una dependencia natural reconfigura sus inversiones de capital (capex)”.

Aquí ejemplificó con los casos de dos empresas miembro de CLG Chile. La primera es  Anglo American, que se comprometió ante la ONU a eliminar el uso de agua dulce en Los Bronces para 2030, y que en 2025 ya había reducido la extracción de agua dulce en un 51% y reutiliza más del 90% del agua del proceso. Otro caso es el de Antofagasta Minerals, que opera Centinela con 100% agua de mar desde 2023 y construyó la primera planta desalinizadora de su tipo en Los Pelambres. Además, esta última apunta a una pérdida neta cero de biodiversidad, protegiendo 27.440 ha en el valle del Choapa (seis veces la huella de su mina), por lo que la biodiversidad es parte central de su estrategia.

Por su parte, Cristóbal de la Maza indicó que si no se avanza en protección ambiental lo antes posible, se puede perjudicar mucho de manera “escondida” a la economía a largo plazo, por lo que se debe actuar de manera eficiente ahora.

El ex superintendente añadió que la eficiencia puede ser alcanzada a largo plazo si se hacen políticas de regulación: “Al corto plazo se ven perdedores y ganadores, las empresas tienen que adaptarse, y hay que ser muy conscientes de ese costo y por eso hay que diseñar políticas que incluyan esas consideraciones”.

Sobre si las empresas chilenas están tratando el capital natural y la biodiversidad como materiales para la continuidad del negocio, la gestión de riesgos y la creación de valor, Ruiz-Tagle declaró que “sí lo están haciendo, y el agua fue la puerta de entrada. En un país con sequía prolongada, el agua fue el primer punto en el que la dependencia del capital natural se convirtió en un tema prioritario para las juntas directivas”.

La ejecutiva agregó que el proyecto de desalinización de Anglo American es una gestión de riesgo que genera valor compartido, ya que entrega agua desalinizada para consumo humano a las comunidades de Colina y Tiltil, transformando un conflicto en un activo comunitario. Además, empresas del sector forestal como CMPC tienen la naturaleza como parte primordial de su negocio y Arauco ha destinado 491.000 hectáreas (un tercio de su propiedad) a la protección del bosque nativo.

Junto con esto, destacó que esto “no se trata de gestos de responsabilidad social corporativa, sino de estrategias de continuidad —que garantizan el agua, el suelo y la polinización— que reducen el riesgo y generan valor cada vez más, tal como lo predice la evidencia macroeconómica”.

Acerca de qué incentivos, información o marcos normativos se necesitan para fomentar una mayor inversión en estrategias ‘naturaleza-positiva’, Ruiz-Tagle mencionó que “debe haber certeza regulatoria primero, ya que las empresas avanzaron más rápido que las reglas, por lo que el marco legal debe ponerse al día. El capital no fluirá hacia proyectos “nature-positive” mientras las reglas no estén claras”.

La directora ejecutiva de CLG Chile añadió que tener una capa de datos pública, georreferenciada e interoperable como el Geoportal del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) reduce para todos los actores el costo de medir, divulgar y financiar.

Ruiz Tagle también planteó que “los mercados de biodiversidad y créditos naturales podrían ayudar a cerrar una brecha de financiación para la conservación de aproximadamente 700 mil millones de dólares al año, pero son propensos a la asimetría de la información y la selección adversa, donde sin datos ni estándares compartidos, la oferta de baja integridad desplaza a la de alta integridad”.